5 aventura: Erasmus+ en Bulgaria

“- En agosto trabajas también?
+ Hola!😁
– Holaaa
+ Pues mira aunque estoy de indefinido … He decidido que voy a dejar el trabajo el 1 de agosto
– Te vienes a Bulgaria?”

Tras apenas conocer a Macarena desde hacía unas 48 horas, recibí este whatsapp de ella (lo primero que me escribió, así a pelo). Y aquí estoy, subido en el cercanías que me lleva al aeropuerto rumbo a una nueva experiencia Erasmus+.

Esta vez será en la cuidad de Ruse (Rousse) en Bulgaria. Unas 36 personas de Bulgaria, Rumanía, Grecia, Turquía, Portugal y España participaremos en un proyecto de estilos de vida saludables relacionados con el medio ambiente y la naturaleza durante 10 días.

Cabe mencionar que de las personas que vamos de Málaga, solamente conozco a Maca. Voy a ciegas totalmente en cuanto a los compañeros y casi que al proyecto, pero oportunidades como estas no se pueden dejar escapar. Son precisamente estas ocasiones las que hay que buscar: esas que te destrozan la zona de confort, las que te hacen dudar de ti, las que hay que agarrar con más fuerza para descubrir(te) la esencia.

Y así, el camino continúa.

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Reflexión de El Camino

Una vez en Málaga y con mi Compostela debajo del brazo, ya he tenido tiempo suficiente para extraer algunas conclusiones sobre estos días de viaje.
Esta, como toda gran aventura, empezó con más pasión y motivación que con planificación y preparación. Suerte que la filosofía del Camino se basa en ayudarse unos peregrinos a otros; si no no estoy muy seguro de haber llegado por mi cuenta.

“El Camino provee”

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Probablemente sea una de las frases más escuchadas durante las rutas que llevan a Santiago; y más todavía en el Camino Primitivo. Porque si bien resulta un camino con paisajes realmente increíbles, también es bastante duro, con largos tramos sin nada ni nadie más que tú y tu mochila en muchos kilómetros de pasajes en mitad de bosques o cruzando montes.
La frase será sin duda una de las grandes conclusiones a las que habré llegado en el viaje. Y es que sin lugar dudas hemos comenzado a preocuparnostanto por nimiedades, que dejamos de vivir; tan preocupados por aparentar, que dejamos de estar o incluso de ser.
Arriésgate. Decide. Falla. Vive.
Y ayuda. Ayuda a tus compañeros y amigos. Pero también a conocidos y, sobretodo, a desconocidos. Porque el Camino no hace distinción, provee tanto a aquellos que sabes su nombre como a los que no.
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4ª aventura de 2016: Camino de Santiago

Tras Gales, Noruega y Madrid, llega la cuarta aventura de este año 2016: el Camino de Santiago.

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¿Cómo?

A pie y solo. La idea inicial es hacer unas 13 etapas, saliendo desde Oviedo el día 3 de agosto haciendo el Camino Primitivo.

¿Por qué solo?

Tras un julio saturado de trabajo tengo la necesidad de desconectar de todo. Un tiempo por y para mí. Si me apetece parar y reparar, lo haré. Si me apetece avanzar, avanzo; si me apetece volver, vuelvo. Soy yo el único que va a decirme qué hacer y cómo en estas dos semanas.

¿Por qué el camino?

Es una experiencia que tengo pendiente desde hace mucho tiempo. Además tengo la sensación de que la primera vez que llegase a Santiago tenía que ser haciendo el Camino. Realmente me gustaría salir de Santander pero dado que ya tengo un viaje proyectado allí en breve y que por agenda ando un poco justo (una quinta aventura este mismo mes), prefiero disfrutar e ir un poco más desahogado saliendo desde Oviedo.

¿Preparación?

0, voy muy rollo aventurero. No he mirado mucho la ruta; una mochila con poco peso material y mucha actitud. El resto de lo que venga, sorpresa.

¿Recomendaciones o sugerencias? Todo lo que venga es bien recibido

La bonita responsabilidad de elegir Personas

Venía de vuelta en el tren del YouthSpeak intentaba concluir o resumir en una sola idea lo que más me había atraído del viaje. Al momento, un pensamiento apareció y ya no lo he podido sacar.
Sin lugar a dudas nos llevamos personas. Cada vez que salgo, me doy cuenta que lo único que tiene un valor verdadero y personal es conocer gente capaz de crear(me) un impacto positivo. De esta última aventura me llevo algunas ante las cuales no he podido más que admirar la capacidad que tenían para transmitir y gestionar emociones. Pero, aún con ese número de personas, más me llama la atención la capacidad que he tenido para conectar con una en concreto. Siempre te dicen desde que eres pequeño que desconfíes, que no te entregues, que se sufre. Normal, porque si lo das todo corres riesgos, ¿merece la pena? Dímelo tú, para mí no hay duda: .
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Porque al final del viaje, lo que queda son las personas. Personas como Torrente, Bony o Raúl en el balonmano; personas como José, María o Sonia en AIESEC; como María del Mar, Andy o Sebastian del viaje a Gales; Luis, Aitor o Nacho del SOP; Arslam, Jovana, Pierre o Marcus del E+ en Viena,… Y un infinito número de personas y momentos. Saber elegir con quién y cuándo es una bonita responsabilidad.
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Todos ellos están hechos de esa clase de pasta que te hace querer ser mejor, parecerte a ellos, diferenciarte y dar un paso más al frente. Son personas con las que te dan ganas de callarte y aprender. Sentarte y mirar cómo son capaces de transformar el mundo a su alrededor para hacerlo mejor, de lo buenos que son en lo suyo. Cómo son capaces de entregarse a una tarea sin importar el coste o el beneficio, por el simple hecho de tener la pasión y la inquietud necesarias para resonar y sobresalir.
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Cada vez más me doy cuenta de la suerte que tengo de ir encontrando personas como ellos en cada parte del mundo donde viajo y un pedacito de ellas se queda conmigo; una pequeña parte que es prueba de su impacto y transformación en mí. Rodearme de gente que es mejor que yo me obliga a trabajar por encima de mi nivel, me (auto)exige resultados. Y todo esto me encanta.

Aniversario de mi primer E+

Hace más o menos un año estaba en Viena participando en mi primer Erasmus+, con el topic de  “Coach to work”.

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Fue una sin duda una de las experiencias que más me ha hecho aprender sobre mí y que fue un punto de inflexión. No solo empecé a tomar conciencia de mí mismo, sino que me di cuenta de muchas cosas que hacía mal con el resto de personas.

Admito que no fue una adaptación fácil, cuando quiero puedo ser muy extrovertido (aunque por norma no me gusta serlo) pero tengo un problema importante para recordar caras y nombres y estar en un país extranjero con más de 30 personas de unas 18 nacionalidades diferentes y con nombres bastante complicados de pronunciar no ayudaba absolutamente nada en los primeros contactos.

El momento de mi vida en el que realicé el viaje tampoco ayudaba mucho, estaba débil mentalmente hablando, herido. Volví mucho más frágil, pero consciente de esa fragilidad y los motivos. Supongo que ahí empezó gran parte de mi recuperación. Sé que marcó un antes y un después: el esfuerzo de relacionarme, el idioma 24 horas al día, el tiempo con personas, aprender a escuchar y a abrirme, el sorprenderme con personas que no imaginaba y las amistades que me llevé.

A nivel de conocimientos, aprendí y adquirí nuevas habilidades que desconocía y que me han permitido desarrollarme más en el ámbito laboral y personal; aunque las estoy enfocando sobretodo al primero.

Un evento importante en un momento importante podría resumir. Ahí empezó un momento de crecimiento interior del hoy me doy cuenta.

Me quedo con el autoconocimiento y la empatía que logré empezar a desarrollar.

Seguimos.

 

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