Oye, ¡qué dejo el trabajo!

Se acabó.
Finito.
Hoy, día 31 de julio y el penúltimo de mis días con 24 años dejo el trabajo en la recepción, tras 20 meses trabajando como indefinido y otros dos años antes cubriendo las vacaciones.
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No ha sido una decisión fácil ni precipitada. He estado muchos meses dándole vueltas a la idea hasta llegar a la decisión. Los motivos que me han llevado a renunciar a un trabajo fijo y de por vida han sido principalmente tres:
– El trabajo de noche no es sano, pero menos sano lo estaba haciendo yo con jornadas maratonianos sin dormir durante días para no renunciar a nada. Por poner un ejemplo: el miércoles 27 dormí 1 hora; el jueves 28 unas 3 siestas de 20 minutos, el viernes 29 cerca de tres horas y el sábado 30 casi 5 horas. Locura insana entre la recepción y EF.
Felicidad. Si bien es cierto que el dinero nos hace falta para vivir en esta sociedad, ganar ese dinero me estaba restando muchas cosas que quería vivir. No quiero dejar de disfrutar de las personas y momentos que me hacen feliz. Poco a poco he ido descubriéndolos y no tengo intención alguna de perderlos.
Nuevos proyectos: las ganas de intentar lanzar algunos proyectos distintos, de crear algo mío me empieza a pedir salir a gritos. Necesito tiempo para prepararme y saltar.
Ya sabéis cuando una puerta se cierra, otra se abre. Presiento que unas puertas muy interesantes están a punto de venir. La suerte es que YO soy el que elige qué puertas abre o cierra.
¿A ti te hace feliz lo que haces, quién eres y con quién compartes tu tiempo? Si la respuesta es no, me gustaría saber a qué esperas para dar el paso. Yo, ya he dado el primero.

acTÚa

2015-05-14 10.38.47
“No sabes rendirte”
Esa ha sido la frase de hoy. Y es verdad, no sé rendirme. Porque hay fracasos (algunos de ellos extremadamente dolorosos) pero siempre se puede sacar algo de ellos. Suena bonito e irreal; pero a veces necesitamos la perspectiva del tiempo para darnos cuenta.
No pares, no te rindas. Si eso es lo que quieres, ve a por ello, aunque falles. Fallar es algo bueno, jodido eso sí, pero positivo. Ojo, ¿es eso lo que realmente quieres? Si la respuesta sigue siendo sí, a por ello. Una vez decidido ten en cuenta que puedes hacerlo de dos maneras:
– A la aventura: más emocionante y que a veces sale (recomendado para ilusos como yo, que confiamos enormemente en nuestra suerte). Sin duda hay momentos en los que no tienes tiempo para dudar y hay que actuar. No es malo, sin embargo creo que reduces bastante las probabilidades de éxito. Aún así, el ensayo-error para tirar la pared a cabezazos es completamente válido y normalmente mucho más entretenido.
– Planeado: has fallado, ¿y ahora qué? Ante todo sé sincero: ¿qué ha fallado?, ¿has sido tú?, ¿tu equipo?, ¿qué podrías haber hecho mejor?, etc. Enserio, siéntate, coge papel y boli y comienza a apuntar. Dale un poco de tiempo a la reflexión. Y pide consejo de alguien en quien confíes (que no de cualquier “experto”). De todo lo extraído, saca una conclusión y un plan de acción. Breve y conciso. Y repite. Siempre repite.
Además, debes asumir que hay veces que las cosas no salen a la primera, ni a la quinta. Puede que ni a la vigésimo novena. Puede, que no salgan nunca. Pero, sin lugar a dudas, si te quedas estático sin hacer nada, no saldrá. acTÚa.