Reflexión de El Camino

Una vez en Málaga y con mi Compostela debajo del brazo, ya he tenido tiempo suficiente para extraer algunas conclusiones sobre estos días de viaje.
Esta, como toda gran aventura, empezó con más pasión y motivación que con planificación y preparación. Suerte que la filosofía del Camino se basa en ayudarse unos peregrinos a otros; si no no estoy muy seguro de haber llegado por mi cuenta.

“El Camino provee”

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Probablemente sea una de las frases más escuchadas durante las rutas que llevan a Santiago; y más todavía en el Camino Primitivo. Porque si bien resulta un camino con paisajes realmente increíbles, también es bastante duro, con largos tramos sin nada ni nadie más que tú y tu mochila en muchos kilómetros de pasajes en mitad de bosques o cruzando montes.
La frase será sin duda una de las grandes conclusiones a las que habré llegado en el viaje. Y es que sin lugar dudas hemos comenzado a preocuparnostanto por nimiedades, que dejamos de vivir; tan preocupados por aparentar, que dejamos de estar o incluso de ser.
Arriésgate. Decide. Falla. Vive.
Y ayuda. Ayuda a tus compañeros y amigos. Pero también a conocidos y, sobretodo, a desconocidos. Porque el Camino no hace distinción, provee tanto a aquellos que sabes su nombre como a los que no.
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